A mi esposa, por caminar conmigo en los días luminosos y también en aquellos en los que las palabras fueron mi refugio.
A mi hija, por ser una de mis razones para seguir viviendo, soñando y escribiendo.
A mi padre, que ya no está conmigo, pero cuya memoria permanece viva en mis palabras, en mis recuerdos y en todo aquello que aprendí de él.
A mi madre, por su presencia, su cariño y por seguir siendo parte de esta historia.
A mis hermanos, por compartir conmigo la historia de una vida que nos pertenece a todos.
A mis amigos, por acompañar mis pasos, mis alegrías, mis silencios y también mis poemas.
Y a todos mis lectores fieles, quienes durante tantos años han recibido mis palabras, las han hecho suyas y me han dado una razón más para continuar escribiendo.
Este libro también es de ustedes.
— Maquinista Mute
PRÓLOGO
Hay poemas que nacen de una idea y otros que nacen de una herida.
Algunos aparecen después de una noche larga; otros llegan de repente, como una palabra que llevaba años esperando ser pronunciada.
Este libro nació del silencio de las palabras.
LA ÚLTIMA SÍLABA DEL MUNDO reúne una parte de ese camino.
No pretende contar una vida de principio a fin, sino recoger algunos de sus instantes: aquello que amé, lo que perdí, lo que callé, aquello que todavía recuerdo y, sobre todo, aquello que me ha dado razones para seguir.
Aquí están la sombra y el naufragio. Está el silencio. Está la memoria de quienes ya no están. Está el amor, con sus contradicciones y sus milagros.
Y está también la esperanza, esa pequeña luz que a veces parece desaparecer, pero que insiste en volver.
Durante años he escrito poemas sin saber exactamente hacia dónde me llevaban.
Las palabras fueron apareciendo entre el cansancio, la alegría, la nostalgia, el mar, las noches, las flores y los recuerdos.
Algunas nacieron para alguien; otras nacieron para mí.
Todas terminaron formando parte de una misma historia.
Por eso este libro no busca ser perfecto.
Busca ser verdadero.
Maquinista Mute es la voz que encontré para decir aquello que, de otra manera, quizá habría permanecido en silencio.
Es el hombre que mira hacia atrás, pero que todavía quiere caminar hacia adelante.
El que sabe que el tiempo se lleva muchas cosas, pero también sabe que una palabra puede permanecer.
Estos poemas hablan de mí, pero no son solamente míos.
Porque mientras exista alguien dispuesto a leer, ninguna historia termina por completo.
Y mientras quede una palabra, queda una posibilidad de que el silencio nunca más sea un grito sin voz.
Mi sombra es prisionera de la flor,
flor silvestre, temblorosa,
aroma que brota de la corriente del agua,
esa que no mengua
y se asoma con su silueta,
azotándose en la tierra.
Mi sombra cae
cada vez más en el sepulcro,
contando el silencio
que permanece callado
ante la bulla de una lluvia
que no le teme a la noche.
Mi sombra guarda un misterio
que cae con el trueno
y el relámpago de la zozobra.
Es el miedo
de no poder escucharte,
de borrar mi historia
entre palabras rotas.
Has ignorado la nostalgia
de poder amarte.
Porque en este mundo
el amor es una historia
que ya nadie cuenta.
El amor ya no son flores
que nacen silvestres;
nadie se detiene a mirar.
Hoy todo es inmediato.
Todo carece de memoria.
Todo tiene que ser instantáneo.
La piel necesita
el aroma de frutos hermosos.
Ya no importa el horizonte,
el sabor anaranjado
de una luz detenida,
de una memoria imborrable.
Importa lo inmediato,
lo que cuesta,
lo que suma en las fotos,
lo que consigue sacar la oscuridad.
La noche se hace interminable
cuando las lágrimas
caen sobre el rostro.
A nadie le importa
una mirada que nace de la ceniza.
A nadie le importa el temor
que tiembla dentro de una sonrisa.
Lo que muere
ya no deja un vacío.
Solo queda la ausencia,
ungida lentamente
por el olvido del otro.
A nadie le importa
que la palabra encuentre
su vocablo perfecto.
Basta con que sea
un engaño dulce
o un espacio
perdido en las tinieblas de una canción.
Mi sombra colapsa,
mi párpado amortaja
lo que fue
y lo que ya nunca será,
sin que alguien lo capture
con un teléfono inteligente.
Viajemos en el tiempo
con el deshielo de lo inconcluso.
Llenemos el presente
con un futuro
que todavía no conoce
el cansancio de vivir.
Mi oído guarda un sonido:
son tus labios rojos,
tus ojos púrpuras
y tus sonidos hermosos.
Mi desierto conserva
el recuerdo de un cuerpo
caminando hacia el desierto.
Ahí te encontraré,
con el frío de una tormenta,
con la humedad de un recuerdo
y un abrazo
que aprieta contra el pecho
en sus últimos suspiros.
La última sílaba del mundo ya está aquí. De Maquinista Mute — México Gracias a todos los que reservaron en preventa. Si lo compraste, ya lo...
Muchas gracias.
Queridos y apreciados lectores:
Solo tengo más que agradecimiento para cada uno de ustedes que se han tomado unos minutos de su valioso tiempo, para leer mis poemas.
Gracias al Internet, a la gran nube, he podido llegar relativamente a todos los rincones de la tierra, a toda hora y en todo momento solo con una conexión a Internet.
Me llena de satisfacción saber que muchos de ustedes son de países tan lejanos.
Espero poder seguir compartiendo en un futuro, más y más de mis poemas y tenga el honor de ser leído en su corazón.