Entradas

Mostrando entradas de julio, 2018

Me gusta quedarme con las manos vacías

Imagen
Me gusta imaginar el canto en cada poema, aunque no recuerdo cuándo fue la última vez que escuche a esa voz interna, ¿a caso tengo una voz que me habla y me dice que debo hacer?.

Me gusta jugar a descifrarme de vez en cuando, en cada poema que leo, en cada palabra que simplemente no pienso que sale suelta, irreverente como si los bordes del habla no la contuviera más.

Me gustan los recuerdos que se confunden con un presente tan pálido que dan un poco de vergüenza verlo por la escasez de colores en la paleta frágil de la vida misma, esa que se respira y se contagia cada vez que se individualiza el amor.

¿un poeta tiene que ser un sabio? No lo sé, aunque me gusta leer aquellos poemas que en las fisuras de un verso se imagina ser los únicos, los más gloriosos, los más colosales, no importa cuántas palabras lo compongan.

Me gusta la idea de la libertad de un tirano, el consuelo en cada pedazo de un pensamiento, el bálsamo de unas caricias que no riman pero que sueñan con el amor.

El pozo del abuelo

Imagen
Se escuchó hondo, como un profundo sentir, así fue el sonido de la piedra que cayó con fuerza en el pozo de los recuerdos pasados, pozo que cavó el abuelo antes de la revolución.

En el pozo vivieron peces que sacamos de un río escandaloso, reía con tanta agua y fuerza que no podíamos sostenernos mucho tiempo de pie.

El pez vivió en su cárcel oscura, fría y estancada casi cómo vive la mentira en la mismísima zozobra, me preguntaba si no había otra manera de que el pez nadara hasta encontrar la salida y ver nuevamente la luz.

El pez creció, vivió con cada migaja de pan que desde las alturas arrojé, su anhelo era esperanza que nace en los ojos con su brillo.

Llegó un día y el pez murió, de nada sirvieron los momentos en su cautiverio, tampoco valieron los deseos en un verano que se aproxima con la exactitud de un reloj antiguo.

El pozo siguió viviendo testigo mudo y sediento,

Nunca podremos amarnos.

Imagen
No podemos tocarnos, en sueños vagos te sueño con la palabra angustiosa de un castigo con los acentos rotos y repetidos de un adiós.
En la angustiosa metáfora de un doloroso amorío llevas hurtado el nosotros desde que no respiras conmigo.
Hemos disuelto las voces en un sarcasmos prohíbo, mil abrazos en el sollozo en un nunca estamos perdidos.
Nos hemos quedado perdidos en la nieve de las montañas como el último llanto de un niño, en el crujir de un abrazo de un profundo frío.
No podemos amarnos, se nos acaba la vida en un instante vivido, cuántas cosas hubiera querido decirte, te olvidaste de mi amor en las tinieblas de un suspiro.
Ahora solo te murmuro en la lejanía de un recuerdo, es como la escoria estéril de un cielo marrón en la desdicha de un olvido, un beso en el tiempo en un túnel perdido.
Fuimos una estrella que se consume en la pasión lejana de una existencia en el cosmos, todo lo fué insignificante,

Si tan solo pudiera

Imagen
Si tan solo lo hiciera, si tan solo escribiera lo que ven mis ojos y mi mente calla, tal vez no sería un cobarde que no le alcanza el océano para contener el llanto.
Es tanta la indiferencia que se amontona entre los días sin sueño, que no puedo cruzar la mirada en un olvido abstracto, ignorar el caos de los vocablos de una voz en su silencio.
Si tan solo fingiera y pudiera pasara de largo refugiándome en la fuga de un sueño lastimero, el castigo por la angustia no sería mi secreto.
Si tan solo supiera guardar silencio sería un imitador en un círculo completo, nunca aprendí a naufragar en tu nombre y palpar mudo el frio de tu cuerpo.
Si tan solo pudiera en mi orfandad perdonar la tristeza mutilada de un te quiero, pero fué inútil, las preguntas se amotinaron en un libro enfermo y viejo.
Si tan solo supiera.


El rastreador

Imagen
Los desaparecidos, tierra de nadie ausentes entre la angustia, fueron víctimas de guerras con odio, amargura eterna que nunca descansa.
La esperanza se enferma   cuando la melancolía está vacía nadie la extraña, a pesar del dolor que llevamos a cuestas.
Hay preguntas que no tienen respuesta, una madre nunca debería llorar a sus hijos, la lluvia nunca lavará la incertidumbre de no saber en qué puñado de tierra están los huesos de un olvido.
Hiede la herida que calla, es la miseria del horror, una palabra que deserta en la clandestinidad de las cosas que no burlaron la muerte.
Quisiera cerrar los ojos y despertar de nuevo, sin secuestros y tortura, sin los cuerpos tirados vivos en el desierto, abandonados en el mar que se traga a los niños sedientos.
Hambre,

La tierra

Imagen
La tierra arde, el fuego devora los momentos que el temor no paraliza, voces que nadie escucha en el último abrazo, antes de encontrar la salida, cenizas, el peligro es un asesino que nunca avisa.

Agua, llueve a cántaros, como si el cielo quisiera vaciase de algo, del odio inconsciente de las personas con avaricia, que prefieren matar la cosecha que regalar un gramo de harina para saciar el hambre.

No tuvimos tiempo, el agua creció hasta llegar al cuello,   ya no habrá ningún desierto que en sus espejismos se burle de la sed eterna que tenemos.

El sol, calor inmune que consume poco a poco el pensamiento, hasta quedar como un manantial seco consumido por el estéril amor que ya no traemos adentro.

La muerte del hombre

Imagen
La muerte del hombre se conversa en un poema, entre la frontera de una locura y una absoluta doble moral.
En el perdí el límite que fingía detenerme me fui precipitando hasta el último rincón de un libro, de una vida que no se arranca en una hoja fingiendo ser el último acto poético antes de partir.
Nunca fueron suficientes ese montón de páginas blancas para darle vuelta a la historia, siempre basta un poco de drama para hipnotizar.
Desagregarse hasta borrar las huellas de una identidad que ya no mira tanto para adentro, es como ese poeta interno que se conforma con saber de la profunda verdad.
La última agonía huele a un silencio putrefacto por todas las palabras que no se alcanzan a digerir,    se quedaron en el tintero de poder escribir de nuevo antes de tener que dejar de poder vivir.
Te compre una pequeña rosa hecha con un pedazo de tela roja terciopelo sutil que se nutre sin querer de lo bello que es amar sin pretenderlo.
Solo te pido que la dejes en mi descanso eterno como un acto supremo…