viernes, 1 de noviembre de 2013

La muerte se fue.


Inevitablemente recuerdo las largas noches de desvelo.
Cómo el frío de la madrugada llegaba muy lentamente hasta donde yo estaba.

El dolor me abrazaba muy sigilosamente hasta hacerme temblar de desconsuelo.

Recuerdo como la muerte llego inquietante. 
Nunca la llamé, aunque inconscientemente sabía lo que ella pretendía.
Como un tiempo oscuro y agobiante se llevó mi esperanza.

Sólo me dejo un puñado de cenizas.
Cenizas que en su gloria fueron sueños realizados.

Inevitablemente en estas fechas recuerdo esos días grises de mi pasado.

Días en donde ni el sol, ni la calidez de una buena obra me otorgan el consuelo por una tristeza que embargaba mi alma.

Mi padre se fue.
Lo extraño orgullosamente sabiendo que tal vez nunca se irá del todo.

Un legado construyo con sus memorias.
La muerte sé llevó a mi pasado.

Poesía 
Miguel Adame Vazquez.

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