sábado, 4 de abril de 2015

Es el amor.



Como un recuerdo que palpita acelerado, soy fiel testigo de tu súbita ausencia.
Mi canto desnudo se avergüenza por no poder pronunciar tu fuerte nombre.
Es tanto el dolor por una silueta que se desdibuja en mi memoria que me enfermo por no poder tenerte.

Como una noche que te observa te persigo afanosamente sin ningún éxito al no poder alcanzar tu alma plena.
Y me colmo de pesares al romper los rumores de tu existencia.

Hoy me la paso los días imitando las palabras que alguna vez pronuncie al tenerte.
Porque bien ocultas tienes las fantasías melancólicas que en el pasado me regalabas a manos llenas.

Ahora el frío gobierna en lo qué fueron tus espacios alegres.
Y no dejo de temblar por tu recuerdos.

Me has dejado casi ciego por no poder soñarte.
Pensando que el amor no era algo tan  bueno.

Antes nacía tu cuerpo con la luz de un nuevo día.
Ahora una y otra vez es invisible tu sombra a mi desdicha.
Ya nada amanece por tu ausencia repentina.
Solo la luna es testigo de tu partida.

En mi mano tomo el recuerdo innegable de tu existencia.
No dejaré partir tu aroma que me ha impregnado en la conciencia.

Tienes la medida exacta de mis sueños.
Solo me queda saludar al universo con la voz que abruma el espiral de tu presencia que calla por la desdicha de tu partida.

Es el amor quien alimenta mi vida.
Siempre es el amor que llena de esperanza la vida.


Poesía.
Miguel Adame Vazquez.
04/04/2014.


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