lunes, 25 de enero de 2016

No te vallas todavía.




No es otoño todavía.
Y  solo me queda ver cómo las hojas del árbol de tu vida caen muy lentamente.
Una a una voy recogiendo las memorias que se van diluyendo ante tus pasos.
Aquellos momentos que tan solo hace unos días eran tu presente ahora son solo recuerdos que caen poco a poco.

Aquel verdor que brillaba ante la luz de un sol radiante y que bebía del roció matinal de un mañana es solo ya un recuerdo del pasado.

Y es que tus ojos no saben guardar el secreto de que tu llama interna se esta apagando.

Y no sé cómo decirles a mis labios que callen y que solo el silencio será quien se apodera de mi habla.

Tu cuerpo se disipa ante un aliento de esperanza.
Y los minutos avanzan tan rápidamente como si quisieran terminar algo inconcluso.

No es humano que un padre sea testigo  de la muerte de un hijo.
No es normal que así suceda, que sus manos no puedan sujetar el aliento de vida que se escurre en lo inmediato.

El cancer oscuro y maligno te está agotando.
De nada sirvieron los miles de ruegos de todos  los que te amamos.
De aquellos que darían su propio aliento vital para que tu siguieras viviendo.

Tu propia vida ha sido un ejemplo de cómo debemos vivir cada momento que aún tenemos.
Porque si han contado las miles de obras buenas que en el campo de la vida has sembrado.

No puedo sostener tu mano sin que te des cuenta que mi sonrisa está en un rostro triste y apagado.

Solo el último aliento será un milagro que te tendrá atada a este globo en el cual habitamos.

No sabes cuánto te admiro.
No has dejado de animarme para que siga luchando.
Tu fe es una fe fuerte que mueve montañas.
Y vas con lo que te resta de vida regalando esperanzas.

No te vallas todavía.
Que este mundo necesita que sigas amándolo.

Poesía 
Miguel Adame Vazquez.
25/01/2016.



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