martes, 9 de febrero de 2016

La línea delgada que ven tus ojos.




Ojos que recuerdan su infancia.
Ojos que se aferran a un pasado que hace catarsis en un mundo que atrapa.
Ojos violentos que corren nerviosos entre los párpados que nunca se cierran.

Ojos firmes que nunca olvidan y que rehusan mirar hacia el otro lado.

Ojos que admiran la grandeza de un cielo que nunca se acaba y que implora descansar con una paz que no llega.

Ojos ciegos atrapados en un ciclo que nunca termina.

Ojos que soportan el frío que cala el alma a cada segundo.

Ojos que no miran, que no fijan su vista absoluta en nada.

Ojos que el miedo los tiene atrapados.
Ojos que lloran por la soledad que agrieta la calma.

Ojos que no ocultan el sufrimiento casi humano.
Ojos que callan un grito que ya no es más grito suyo.

Ojos rebeldes que ocultan las heridas, que luchan y nunca se venden.

Ojos oscuros que miran la paciencia que has tenido para poder respirar de nuevo.

Ojos que agrietan el amor interno.
Ojos malvados que sonríen ante tu sufrimiento.
Ojos testigos de la desdicha que es ya de mucho tiempo.

Ojos tristes que no ocultan la pena.

Ojos con dolor ajeno y conciencia plena.

Ojos maltratados y ausentes de sueños.

Ojos audaces, carentes de ego.

Ojos testigos de tus más bellos momentos.

Ojos que nacen cuando nació el propio tiempo.

Ojos que viven con el fuego adentro.

Ojos que aman y que no renuncian a lo hermoso que es poder sentir que estás vivo.

Ojos que rompen las cadenas que aún te atan.
Ojos que son ruegos de miradas que matan.

Poesía 

Miguel Adame Vazquez.
08/02/2016.


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