miércoles, 6 de julio de 2016

El color oscuro de la maldad.





Veo ante mi horizonte el color oscuro que luce la maldad.
Es como un ropaje frío que se roba el aliento de los suspiros buenos del calor de la tibia mañana que va naciendo.

No logro comprender sus pensamientos, sus mentes testarudas no son claras como las almas que sí pueden decidir estar con la bondad.
Sin ningún mínimo intento escuchan la gloria que te bendice por obrar siempre por lo que es bueno.
Solo veo su sombra que se crece ante el intento de robarme la esperanza de creer.

Solo veo su corazón que roto que ha estado así  por muchísimo tiempo en el laberíntico de los años que se inclinan siempre por un alma fría que ataca sin ningún remordimiento.

No logro comprender cómo van pisando los pétalos de las rosas que tú pusiste en el camino para recordar tus pasos andados y no replicar el remordimiento de ellos por dañar a otros sin ninguna pizca de misericordia.

Apagan sin vergüenza la flama tibia de la buenaventura.
Son como un rostro hipócrita encima de una máscara arrugada por las mentiras.

Con un rezo falso de una bondad que nunca han ejercido, van sembrando la apariencia que son más que justos.
Pero No les bastarán las plegarias falsas para saciar la justicia de aquel a quien nada se le oculta.
No les bastará ocultarse en el más recóndito sentimiento falso porque no pueden engañar a aquel que es justo.

No les bastará con respirar el odio húmedo que se impregna en sus palabras.
Palabras que resultan ser falsas como sueños que no se cumplirán de nuevo.

Porque la justicia no es un burdel que se compra con la fuerza de las mentiras.


Poesía 
Miguel Adame Vázquez.
07/07/2016.




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