viernes, 5 de diciembre de 2014

Nunca me quedaré sin nada.





A Pesar del inmenso mar que me rodea y de los incontables granitos de arena que cubren mi odisea, me siento solo.


El espacio que ocupa mi aliento no encuentra acomodo en su largo pregonar.

Nunca he encajado en un mundo perverso y cargado de iniquidad.
Nunca he sido recto por mis emociones sembradas a lo largo de los años.
Siempre dejamos algo al azar.
Siempre nos falta la sonrisa gloriosa La palabra alegre, el compromiso  desinteresado por el bien del otro.

Me siento solo como un roble viejo en la orilla de un río que se esta secando.
Me siento como una brecha olvidada en el olivo.
Como una nube en un cielo abierto y claro.

A pesar de los aplausos de muchos  corazones que te juzgan.
Me siento abandonado a un destino que me ata.
A una lucha en una guerra que nunca se gana.
Con una piedra atada al cuello voy cayendo en las profundidades frías y oscuras de los ojos que me condenan al destierro y la amargura.
Me siento solo y frío.
Callado y derrotado.
Pero es solo un sentimiento que embarga.
Un montón de ideas y pensamientos negativos que luchan por apoderarse de lo que aun me queda.

Me queda un corazón que ama, siempre rebosante de dicha.
Un corazón que se desborda de júbilo y sonrisas sanas.

Una esperanzas necias que sueñan que ganan.
Un montón de imágenes que se sobreponen a un camino lleno de espinas y piedras.
Me queda un corazón que ama.
Que amara por siempre.
Qué siempre encontrará la forma de abrazarte.
De dar una caricia, de decir un te quiero.
Me queda la palabra dicha.
Y la sonrisa amada.
Me quedas yo.
Nunca me quedaré sin nada.

Poesía 
Miguel Adame Vazquez.
05/11/2014.





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