domingo, 12 de julio de 2015

El amor es fuerte. El dolor no lo destruye.


Sueños gigantes que no se pierden.
Así es el amor que construyes con la vista fija en aquello que persigue con todo el sentido hacia la felicidad que no es inmediata.

Así es el esfuerzo que aflora con el tiempo y los movimientos ágiles y espontáneos de una constancia vital que triunfa al huir de la adversidad del dolor que no destruye.

No es fácil en la vida construir historias anónimas.
Llueven las noticias que nos llevan siempre al limite.
Qué nos muestran lo desconocido que tenemos de frente.
Que nos hacen temblar de miedo y brincar de espanto.

Duele el rencor gratuito de no poder diseñar un esfuerzo continuo que te lleve al éxito.
Así es el camino que conmueve al triste hábito de luchar a diario para conseguirlo.

El dolor no destruye.
Porque el amor nutre el desasosiego de aquellos seres que atacan sin sentido.

Solo son sus historias anónimas que pregonan los dolores que sienten.

Así son las almas que escupen alaridos blasfemia y oscuros.
Son solo envidia y palabras sin obras y sentido.

Pero nuevamente los sueños se imponen.
Se imponen a la desdicha de un desequilibrio que delira por la falta de serenidad y equilibrio.
Así es el amor testarudo que te enamora.
Porque no se vence con cada gota que cae en el mismo lugar constantemente.
Porque el fuego que abraza y te derrite no es capaz de fundirte.
Como hierro frío no te rompes a los golpes fuertes del embate enemigo.
Tu mente es fuerte y te convierte prácticamente en tu propio héroe.

El amor es fuerte.
El dolor no lo destruye.
Solo son sus historias anónimas que pregonan los dolores que sienten.

Poesía.
Miguel Adame Vazquez.
12/07/2015.





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