sábado, 18 de julio de 2015

Hoy son como gritos.





Inmortales silencios que siempre acallaron las voces de su propia alma.
Hoy son como gritos que contuvieron su llanto en la nostalgia de un solo recuerdo.

Llueven copiosos en la clandestinidad de su vida inaudita y tenue sobre un montón de momentos inertes.

Tanto que el cielo no puede contener su propio llanto.
Y cae estruendoso a caudales en el firmamento ante el miedo de poder perderse.

El frío acaricia la rigidez de su sonrisa fingida.
Qué aveces no sé cuando es de bajada o de subida.

Han pasado ya un montón de minutos que se acumulan ordenadamente bajo un silencioso reloj de arena que cuenta con mucho sigilo los momentos maravillosos.
Desechando uno a uno aquellos eventos que robaron el habla y enmudecieron de un sorbo su propio suspiro.
Suspiro que alivia el dolor terrorífico de estar atado a alientos malditos.
Porque siempre supiste, el corazón te lo dijo.
Pero aún no  tenías las agallas para cortar las cadenas que te arrastraron a la calumnia del fuego que abraza las flores del jardín del mundo que aún queda soñando un despertar nuevo.

Llueven copiosos en la clandestinidad de su vida inaudita y tenue sobre un montón de momentos inertes.
El frío acaricia la rigidez de su sonrisa fingida.
Hoy son como gritos que ya no contuvieron su llanto en la nostalgia de un solo recuerdo.



Poesía 
Miguel Adame Vazquez.
18/07/2015.






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