miércoles, 21 de septiembre de 2016

Ante tanta oscuridad.



Vislumbro en mi horizonte un futuro vestido con la esperanza de un entorno mejor.
Es por eso que voy recogiendo pedazo a pedazo los escombros de una segunda oportunidad.

Eludiendo la envidia de aquel que no ama, que simula su felicidad, pero que alberga montones de amarguras en su interior, porque no puede soportar la felicidad honesta y trasparente de los otros al amar.

Mi lucha es por la luz eterna, porque no quiero que se extinga en mi andar.
Siempre ha sido mi guía ante tanta oscuridad.

Quiero seguir teniendo en mis ojos ese brillo que da una mirada segura y no solo una lágrima que se asoma escurridiza entre las sombras de un pensamiento fugaz.

No quiero escuchar esa voz que tiembla ante la dureza cruel de otros al denotar debilidad.

No quiero juzgar como si fuera un juez justo al que a abandonado por completo su propia voluntad, al que ha perdido toda esperanza, al que no le resta aliento para soplar.

Sé que el dolor puede ser opcional, muchas de las veces en las cuales se puede tropezar.

Sé que la alegría de una vida debe llevarnos a reflexionar.
Porque mientras exista esperanza, la fuerza vital empuja a luchar.

Nadie tiene la culpa de los demonios que te asechan.
Es por eso que debes caminar siempre en línea recta.
No desperdicies el tiempo que es fugaz y escurridizo.

Porque el tren de la vida pasará muy rápido y es muy probable que cuando te toque bajar, no encuentres a nadie esperando tu andar.

Poesía 
Miguel Adame Vazquez.
21/09/2016.


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