Padre
Maquinista Mute.
Dieciséis años desde que el ocaso no es el mismo.
El mar ya no se agita con alegría;
los caminos del sur
suenan en el músculo de mi corazón.
Padre,
mi sueño es un páramo con tu muerte;
mi alegría tiene miedo,
mis ojos ya están viejos.
Padre,
son muchos años con el silencio
despertando al tiempo.
Me hacen falta tus oídos
y tus sabios consejos.
Padre,
me he vuelto como tú:
sabio, con la piel oscura,
lleno de amor,
entusiasmado con el mar
y la caleta azul celeste.
Padre,
esta mañana el río es de piedra;
el cáncer es un sol que apaga.
Padre,
si te he de llorar,
será con la tierra colorada,
pasando por Chilpancingo,
con los cantos de mi abuela Pacita
y los ladridos del Oso.
Padre,
te recuerdo como siempre lo he hecho:
con cada letra que se niega a morir despacio.
Padre,
si hoy estuvieras conmigo,
hubiéramos caminado
por las playas de Acapulco,
untando aceite de coco en los pretextos.
Padre,
te veo ahí, parado frente al mar,
cuidando a tus hijos
para que no probaran el
agua salada.
Padre mío,
la vida querías...
y la dejaste.
