lunes, 4 de agosto de 2014

Esta vez, no fue así.


En una constelación de pensamientos abstractos el tiempo parloteó amenamente.

Como una gota fría que cae al suelo lentamente y se evapora así son los días que se consumen delirantes y testarudos.

Pero esta tarde el tiempo no se desato de un momento que se entretiene con la plática y las risas.

La noche a caído ya y el telón del universo se oscurece.
Poco a poco se va enfriando y llenado de recuerdos los momentos.

La dicha y gozo se vitorean uno al otro porque placenteramente  se han podido olvidar por un momento de la guardia ante sus ojos.

La compañía que no quebranta los principios suspira alegre.

En un segundo los párpados se volvieron a juntar  y la vista no vio hacia el horizonte.

Por un momento esplendoroso la osadía dudo marchitar su cometido.

Y el lapso que se escurre resbaloso del control  del tiempo no giró hacia el camino del abismo.

No se precipita  ante una devoción que nunca cambia.

No sea marchado aún.
Cierro los ojos y lo vuelvo a revivir.

Alzo la vista al buscar ante una oscuridad que se silencia.

Sigue ahí, aunque mis manos no la puedan alcanzar.
Entre sueños lo murmuro despertando.
Se he convertido en un deseo que se ama difusamente.

Despertare queriendo nuevamente tener entre mis recuerdos esa constelación de pensamientos abstractos que el tiempo se devora.

Y volveré a desear esperando vivir entre un montón de ruinas y escombros que no soportaron fracasar ante la amenaza de un final sin hasta luego.

Poesía 
Miguel Adame Vazquez
03/08/2014.





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