domingo, 3 de junio de 2018

Ahí también están los amigos.



Quiero ir a donde la muerte no existe
a donde las flores cantan y no se marchitan
en donde el jade y la pluma del quetzal
no se empeñan en desgarrarlo todo a la tierra.

Tuvimos que desaparecer a donde no queda nada
en donde los tigres y las águilas
son solo un recuerdo de oro,
una pintura que se borra con sus días mortales.

El corazón me atormentan sintiendo
el dolor aflige, me enferma
es un fastidio que causa la muerte,
como la lluvia del tiempo que embriaga con su misterio.

Los días fueron maravillosos, no teníamos nada
no existía el ruido, era solo el silencio que daba miedo
cada vez que nos tocaba escuchar el rugir de un puma
a lo lejos de una oscura mañana.

Ahora vivimos llorando ante la pérdida
ya no existimos, solo somos nada
hemos desaparecido en la indigencia
de un corazón vacío.

Solo vinimos a soñar
y aunque estábamos desnudos
solo nos bastaba el sol y su calor
los ríos de lluvia escandalosa brotaban.

Se secaron como los sueños
solo somos vestigios pasados
en las ruinas de un pasado
de una primavera que se olvidó de ti.

Antes el poeta cantaba,
con su canto de capullos que florecen,
llovían sus palabras entre la vida y un momento breve, lo usábamos para contemplar un cielo estrellado.

En vano mi corazón ha brotado
entre la nostalgia de una vida sencilla
entre la tristeza de un poeta
que le han robado su cielo.

Como un pájaro rojo de fuego el tiempo ha pasado,
como las mariposas en un invierno crudo
por todas partes se ha esparcido,
como un colibrí en el dulce sabor de los labios.

Nos humillamos amando
ahí te esperan los enemigos
con sus espinosas fachada
y una cara asediada por la ignorancia de no saber nada.

Como una ave que resuena con su voz a todo pulmón
así voy rompiendo el dolor de un crisol
que se empeña en recordar
el afán de una tierra perdida.

Ahí también están los amigos
con sus cuatrocientas voces
venciendo a las montañas
recibiendo de la tierra negra un corazón que ya no llora.

Mi corazón anhela una guirnalda de colores
para no perderme en el abandono
de una vida que es preciosa
por su canto mudo.

Miguel Adame.
03/06/2018.







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