martes, 7 de agosto de 2018

los días son buenos cuando la dicha nos gana.




Compré un poco de dicha esta mañana,
es alegre como una canción de cuna tierna
palpita fuerte en mi propio corazón
la risa florece protuberante como aquella bugambilia morada.

El amor ascendió
como las alas de un ruiseñor que aletea
sobre los copos de néctar
de una soleada arboleda por la lluvia mojada.

Así que le dije adiós
a ese crepúsculo que llora el infinito imposible del dolor
ante el sonido redentor de ese reloj
que lleva la cuenta del tiempo que pasa.

Nada importó
la deuda descomunal del amor
es una profunda tristeza que no se aleja,
así que el precio de la compra fue justo,
a cambio un verso nuevo de collares y piedras hermosas.

No importa si el crepúsculo
es pasado de una historia rota y amarga,
el amor lo vale todo
un sacrificio que suspira con la fe de la esperanza.

He tratado de ver la luz
en cada rendija de mi corazón,
lo quiero vivir,
antes que el pensamiento dr cubra con la propia muerte.

Te vendo un poco de esa dicha que compré en esta noche,
no importa que los campos de la cosecha
estén dormidos en la oscuridad que arrulla
y el grillo no cante por el temor de vera unas ranas.

Mi corazón nunca será una triste velada,
nunca será un amor que se malbarata,
lirios blancos que flotan por un canal
rebozado de infortunios ingratos.

No he olvidado el sabor del amor
vive en el corazón del poeta,
brota con su dulzura al menor estímulo,
los días son buenos cuando la dicha nos gana.

El mute

07/08/2018.


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