domingo, 19 de julio de 2026

Miseria de un naufragio

 


Maquinista Mute.


Soy el puerto de la orilla del mundo,

donde las gaviotas hacen costa

y brilla la Odisea de mi silencio.


No puedo morir;

no es mi tiempo todavía.


El miedo ancestral bebe del mar,

de la ansiedad de mi dolor,

y me deja a la deriva,

flotando en un mar de preocupaciones y desdichas.


Vuela alto desde mí la existencia,

con la nave de mi piel

y la arena blanca de la desolación.


El Caribe es testigo del amor

que despierta en la respiración de sus olas.


¡Jehová, nunca me has dejado!

Nunca he estado solo.

Nunca me he quebrado.


En mi viaje, vasto de horizontes y piratas,

nunca me he ahogado en las aguas frías del demonio.


Jehová, has estado allí,

salvando con tu mano

a la miseria de mi naufragio.


Acuérdate de mí;

el dolor golpea el mástil de mis plegarias,

hasta que de la borda cae mi nostalgia.


Solo sé quedarme con tu amor

en la escotilla de mi desdicha,

hasta que las velas baten

el lastre de mi desilusión.


Padre,

si la vida fuese así,

sin ti,

nunca te vería más allá del azul celeste.


Que me trague el viento y las olas;

que mi carne navegue rota,

hasta que el oleaje arroje mis restos

al muelle de la tormenta.


Solo así seré otra vez yo,

con las amarras sujetándome,

hambriento del despojo de un naufragio.


He sobrevivido por más de treinta años

al alquitrán de tu locura,

de la que también has sido víctima.


Sufres

y me lastras

hasta lo frío y oscuro del fondo del mar.


Es el mar azul turquesa

el que lava mi desolación de altamar.

Tú has tirado de mí con fuerza

hasta la orilla.


Tu mirada está vacía;

abrázame a pedazos,

antes de que sea carnada de un anzuelo

y alimento de peces corsarios.


He llorado tanto,

que he llenado el mar con mis súplicas.

¿Qué podría decirte,

si todo lo sabes?


El amoroso se rompe

porque no ha sabido reparar a un hijo.

Lo he intentado tantas veces,

que ya no sé cuántas veces he contado la arena del mar.


Escucha mi silencio, Jehová;

que la poesía respire profundo

en la miseria de un naufragio perdido.

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Miseria de un naufragio

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Muchas gracias.

Queridos y apreciados lectores:

Solo tengo más que agradecimiento para cada uno de ustedes que se han tomado unos minutos de su valioso tiempo, para leer mis poemas.

Gracias al Internet, a la gran nube, he podido llegar relativamente a todos los rincones de la tierra, a toda hora y en todo momento solo con una conexión a Internet.

Me llena de satisfacción saber que muchos de ustedes son de países tan lejanos.

Espero poder seguir compartiendo en un futuro, más y más de mis poemas y tenga el honor de ser leído en su corazón.

Gracias eternas.

Su amigo.

Miguel Adame Vázquez.

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