lunes, 11 de mayo de 2015

Nunca dejes que el tiempo dicte tus pasos.

Voy despacio por la línea del tiempo que la vida me otorga bondadosa.

Viendo a la lluvia hacer crecer y retoñar prácticamente cualquier cosa.

Voy lentamente por el caudal del río en el que vivo, saboreando los colores de un arcoiris dibujado en mi memoria por los rayos de un sol incandescente que otorga vida a cuanto toca.

Voy calmando a los minutos que mis ojos contemplan, disfrutanto poco a poco todos los momentos que felizmente vivo. 

Viendo como los días se acortan velozmente sobre mis hombros estrechos.

Sin la ansiedad de lo que nos depara un futuro incierto.

Simplemente voy amándome al amar a otros que hacen lo mismo al amarse profunamente.

Voy creyendo en todos ellos a quien nadie reconforta.

En aquellos que evitan pisotear a los tallos diminutos que en el suelo yacen.

Siempre será mejor rodear con tus pasos la silueta débil y recojer los recuerdos que son más gratos.

No debo nunca dejar que la noche fría se quede con todos mis sueños.

Muchos de ellos son más que un intento ésteril por invadir con ansiedad a mi memoria hasta poder agotar el aire que circula en mi cuerpo.

Debo renacer y reconstruir con ellos a un mundo que le falta más que que solo poesías rotas cada vez que despierto.

No debo de permitir que las pesadillas más oscuras marquen con cicatrices permanentes a la única misericordia que tengo.

Nunca tendremos otra oportunidad que sobreviva a los dolores de una noche tenua.

Nunca dejes que el tiempo dicte tus pasos. 

Poesía

Miguel Adame Vazquez.

11/05/2015.


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