lunes, 17 de agosto de 2015

La piedra que sostiene tu existencia.





Se agota tu tenue vulnerabilidad.
Frágil como el rocío matinal que humedece los pastos de su antigua desdicha.
Así es tu sentido de alerta que se vuelve más que una necesidad abierta que se atraganta por los sorbos de su propia existencia.

Afrontas el trastorno de aislarte de lo que no es válido.
Ya no tienes miedo al silencio inaudito que vive en las conciencias carentes del olvido.

Eres el propio héroe lejano que crece en la desdicha.
Qué desbarata los caminos de un laberinto que no lleva a nada.
Huyes del dolor que aqueja como aquella gota de agua que se pulveriza con el tacto de los rayos incansables de la mentira.

Voluntad inviolable que se templa con las almas abatidas por los retos que extinguen con la lucha y el esfuerzo.

No quiero que la rabia encuentre culpables y te robe lo feliz que eres.
No borres esa sonrisa que respira dicha y alegría.

Mantén la cabeza erguida.
Con la mirada fija en los sueños que te marcan.

Se el propio héroe que crece de la desdicha.
Desbarata los caminos de un laberinto que duele. 
Qué los rayos incansables de la mentira no te aten a la nada.
Se el brote de energía cósmica que se levanta y nace de aquel pedacito de tierra húmeda y burbujeante de la triste realidad.

Poesía

Miguel Adame Vazquez.
17/08/2015.


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