Oyamel de mis sueños
Te planté con la esperanza
de que crecieras fuerte,
oyamel de mis sueños.
No importa
que en el invierno
no lleguen mariposas.
Me conforma el consuelo
de que, en la vacuidad de este mundo,
existes en mi recuerdo,
que perdura en mi memoria.
No quiero que seas un leño
o carezcas de agua
que alimente tus esperanzas.
Eres pequeño,
como una ilusión promisoria.
Mas, aun así, te amo,
en la nostalgia
de un sentimiento tierno,
frágil y sin raíces,
efímero,
en el honor de un deseo.
Me dijeron
que no te sembrara,
que no crecerías,
que mis ojos nunca verían tu sombra,
que ninguna mariposa
reposaría sus alas.
Qué importa
si con el tiempo creces
y soy pasado
de tu naciente obra.
Habré dicho
que planté un árbol.
No fue cualquier árbol:
eres oyamel de las alturas,
rey del bosque tibio,
en un invierno cruel y frío.
Mariposas que vuelan en las alturas,
miles de ellas
no regresarán en primavera.
Son un pasado
que ensombrece con su paso
el cielo.
Te planté con la esperanza
de que crecieras fuerte,
oyamel de mis sueños.
Hijo de mis eternos ruegos,
pronto, algún día, volarás de nuevo.
Vivo con la esperanza
de que no o
lvidarás tu camino
y regreses conmigo a regar
el oyamel pequeño.




