El corazón es un hueco en el alma.
Desde que nací, empecé a morir.
¿Y qué he dejado aquí?
Rocas donde lloré.
Palabras en el desierto.
He quedado en cada grieta,
en cada última sílaba.
En cada luciérnaga,
en cada oyamel de mis ojos.
No me arrepiento de un solo segundo:
el universo vivió en mí
y yo viví en sus partículas.
No me he guardado nada.
Todo lo di.
Todo lo solté:
cada gaviota,
cada rendija de luz.
El poeta vive
en cada verso que sueñas,
en cada renglón de este poema.
Estoy viviendo en el éxtasis de la muerte,
en el dolor que llora,
en la soledad de los años.
Pero estoy respirando.
Y seguiré luchando por mí.
La muerte toca la puerta.
No la abriré.
Todavía
la luna será mi cómplice.

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