viernes, 4 de agosto de 2017

Sí que lo fue.



Lo fue.
En el intervalo de un amor se quedo mi pasado, 
era viejo y sin sueños hasta que por sí mismo 
pudo parir un nuevo aliento que triste y lento 
en sus lamentos deseó volver atrás.

Y en la sorpresa viajaron caminantes mis mejores deseos hasta descubrir que en el invierno 
mil primaveras se convierten en la mayor rareza 
de poder existir.

En ese camino la fe se topó con el lamento 
de la muerte, ella se encargó de borrar 
a toda la nostalgia de un futuro que desea 
soñar con un porvenir que el odio nunca podrá vencer.

Solo con amor podré seguir acuñando 
un sin fin de sabores 
llenos de un cariño que burlará al rencor 
para no tener que llorar por el resto de mis días.

Solo con ese amor podré seguir 
controlando a esa destreza imaginaria, 
con ella nunca dejaré de ser tenaz 
en mí lucha para poder derrotar a la marioneta 
que es la vida.

Ahí los sueños formaran su propia historia 
nunca dejaran de seguir escribiendo aquellos 
murmullos vivos que en un aliento se construye en paz.

Lo fue.
Y con esas alegrías que construyen actos buenos
supe eludir a la guerra,
nunca pudieron sus embates emboscar a mi palabra 
para que ella dejara de acariciar con versos a toda 
la fuerza que se alimenta de la bondad.

Solo con amor seguire siendo más 
que solo un recuerdo inmediato que termino 
con lo pesares de una noche caprichosa 
que ya no quiere vivir atrás con lo que fue.

Hoy mi futuro es una dicha permanente 
de un pasado que vivió con su presente 
de un pasado que solo fue.

Poesía 
Miguel Adame Vázquez.
04/07/2017





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