sábado, 19 de agosto de 2017

Solo la desolación se acordó de ti.



Cómo no sentir desolación,
solo bastó un instante para hundirme 
en el vacío que provoca la angustia 
de tener que salir huyendo de la muerte,
esa que no vacila ante la mínima provocación.

Solo quisiera poder olvidar a ese dolor 
que trajo la tristeza a mis ojos, 
ellos eran en el ayer como tú,
dos lumbreras juguetonas y alegres.

Han devastado mi consuelo, 
ya no puedo disfrutar de la noche 
impregnada de una lluvia que canta con fuerza.

Solo me ha quedado el miedo,
ese recuerdo de mal espíritu que cae 
como una bruma espesa en un corazón 
que ya no respira.

Solo me ha quedado el terror 
para no poder vivir con la paz 
de una mañana bella.
Cómo le explico que deje de llorar 
si son sus manos tan pequeñas.
Nunca conseguirán sujetar 
a ese rostro que tiembla.

Amor.
!Qué significa esa palabra en sus mentes!
¿A caso no fue Dios quien dio de su amor? 

Nunca importó el color o el idioma de la tierra 
que parió sus vientres.

Mi cuerpo se apretuja en el silencio, 
ya no puede aguantar más el escándalo 
que ensordece al sentimiento de no verte.

La noche llueve.
Llora infinita por tu ausencia que duele.

Mañana saldrá el sol recuperando lo que ayer
solo escurre hasta el cansancio.

!Como le explico que en esa nueva mañana que florece
ya no estarás para reír por cada una de sus travesuras!

Solo la desolación se acordó de ti.
Que no me extinga la oscuridad.
No tengo miedo.
Nunca podrás condicionar a mi camino
porque no soy botín de tus miedos.



Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
19/08/2017.


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