Hoy nos encontramos con el autor de la última sílaba del mundo (Primera edición, 2026), conocido como Maquinista Mute. Durante mucho tiempo, participó activamente con sus poemas en las páginas de la comunidad Poémame.
1 – ¿Podría usted contarnos un poco sobre su vida y su actividad literaria?
Soy Miguel Adame, escribo bajo el seudónimo de Maquinista Mute. Soy poeta mexicano, trabajo en una firma financiera y soy padre de familia, ya no soy un niño, escribo desde los diecisiete años, así que ha pasado el tiempo y la poesía crece, madura también.
Mi actividad literaria no empieza con este libro, sino que desemboca en él. Durante muchos años he escrito y compartido cientos de poemas de forma independiente en mi blog Poesías Miguel Adame, en redes sociales y en POEMAME, que es una gran comunidad hispanoamericana de poesía donde encontré a mis primeros lectores.
De la última sílaba del mundo es mi primer poemario. Reúne 44 poemas divididos en seis movimientos: La Sombra, El Amor y el Naufragio, El Silencio, La Memoria y la Muerte, La Esperanza y Maquinista Mute.
2 – ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?
Mis primeras lecturas fueron Miguel Hernández, Jaime Sabines, Antonio Machado, Octavio Paz y Shakespeare.
De Sabines aprendí la sencillez de decir lo cotidiano sin perder lo lírico. De Hernández, que la esperanza resiste. De Paz, que el silencio también es lenguaje. Y de Shakespeare tomé el título: del monólogo de Macbeth, «hasta la última sílaba del tiempo recordable». Esa idea de que una sílaba puede resistir a la nada me persiguió hasta convertirse en libro.
3 – ¿Cómo definiría su poesía?
La definiría como una poesía sencilla, que intenta regresar a los orígenes, que quiere transmitir de forma lírica el mundo y su vida cotidiana.
Mi poesía no quiere explicar el mundo. Lo atraviesa. Se detiene en una flor silvestre, en el polvo de estrellas, en la mariposa que no encuentra flores. No busca ser perfecta. Busca ser verdadera. Es la poesía de un hombre que trabaja, que es padre, que mira la noche y todavía cree que una palabra puede sostener un día. Creo en el amor, no como cursilería, sino como lavase de todo, el amor nos puede salvar, también la poesía es un acto de valentía, la poesía puede salvar al mundo.
4 – ¿Cree que el poeta «evoluciona» en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
Sí, y debe hacerlo. Si no evoluciona, se repite.
Mi evolución ha sido de la abundancia a la resta. Al principio escribía para no ahogarme, con versos en prosa, muy cargados. Con los años entendí que la poesía florece de forma innata; es un don natural que se pule con oficio.
Se nota en el libro. Hay poemas más herméticos, más laberínticos, y otros más desnudos, casi oraciones. Ese tránsito de lo barroco a lo esencial es mi evolución. Como nos enseñó Sabines, a veces menos, es más.
5 – ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
Un poema nunca se termina, se abandona. Yo lo sé porque lo puedo leer en voz alta sin que me traicione. No corrijo mucho en papel. Corrijo en voz. Camino, grabo audios. Si una palabra suena a mentira, la quito. Corregir para mí es un acto de limpieza, no de adorno. Quedarse solo con el silencio que vale la pena.
6 – ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
Que sirva. Que acompañe. Yo no escribo para gustar, escribo para que alguien, en algún lugar de Hispanoamérica, sienta que no está solo en su naufragio. Como digo en el prólogo: «Porque mientras exista alguien dispuesto a leer, ninguna historia termina por completo».
Me gustaría que mi poética fuera un hito de luz. Una luz pequeña, pero suficiente para que otro no se duerma y empiece a vivir de nuevo.
7 – ¿Qué lugar ocupan, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?
Un lugar importante. Yo nací en Internet y le debo a la nube haber llegado a lectores de países lejanos, desde España hasta Argentina, pero el poema necesita cuerpo. En vivo el poema deja de ser texto y se vuelve acto. El temblor de la voz, el silencio de la gente, son la verdadera crítica literaria.
8 – ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?
Les debo mi vida literaria. Sin mi blog, sin Facebook, sin Instagram, sin POEMAME, este libro no existiría. Hay mucho ruido e inmediatez, pero también hay una revolución silenciosa que es muy nuestra, muy hispanoamericana: cualquiera puede publicar sin pedir permiso a una editorial de la capital. El reto es no confundir difusión con profundidad. La herramienta es nueva, pero el oficio sigue siendo antiguo: sentarse, mirar la noche y encontrar la palabra justa.
9 – ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado mucho?
Tres, que son el origen de mi libro. El primero, «Canción última» de Miguel Hernández: «Dejadme la esperanza». De ahí viene toda mi sección La Esperanza.
El segundo, el monólogo de Macbeth de Shakespeare: «La vida no es más que una sombra que pasa… hasta la última sílaba del tiempo recordable». De ahí nace mi título.
Y el tercero, como mexicano e hispanoamericano, «Piedra de sol» de Octavio Paz y «Tarumba» de Jaime Sabines. Paz me enseñó que el silencio también puede amar, y Sabines que se puede hablar de la familia, de la calle, de un bolillo, con altura poética.
10 – ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?
Estoy releyendo Tarumba de Jaime Sabines y la poesía completa de Miguel Hernández. Y vuelvo siempre a los Salmos, porque necesito esa lengua que es oración y poema a la vez.
11 – ¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?
Tres cosas: Primero, escribe verdadero: lo bonito se olvida, lo verdadero se queda. Segundo, no escribas para ser poeta, escribe para no morirte nunca, para ser leído. El poeta es un acto de fe. Tercero, el mundo cambia, ajústate a la nube y a sus formatos inmediatos, pero no le entregues tu voz. La nube pasa, la palabra queda.
12 – ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
La veo en transición. Las grandes editoriales son más difíciles que nunca, pero la autoedición y las plataformas digitales han abierto una puerta que antes estaba cerrada para nosotros en Latinoamérica. Yo publiqué De la última sílaba del mundo de forma independiente en Amazon y así llegó a España, a México y a Sudamérica al mismo tiempo. Es más trabajo, pero es más honesto. Te permite mantener tu voz sin que te la corrijan para el mercado. Actualmente estoy preparando mi segundo poemario.
13 – ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?
«¿Para quién escribes cuando nadie te lee?» Escribo para mí. Escribo para que el silencio de los que ya no están siga murmurando en un poema. Y escribo para que, mientras quede alguien que quiera leer un poema, quedara una posibilidad de volver a empezar.
Muchas gracias por tu tiempo y por tus sabios consejos.
A mi esposa, por caminar conmigo en los días luminosos y también en aquellos en los que las palabras fueron mi refugio.
A mi hija, por ser una de mis razones para seguir viviendo, soñando y escribiendo.
A mi padre, que ya no está conmigo, pero cuya memoria permanece viva en mis palabras, en mis recuerdos y en todo aquello que aprendí de él.
A mi madre, por su presencia, su cariño y por seguir siendo parte de esta historia.
A mis hermanos, por compartir conmigo la historia de una vida que nos pertenece a todos.
A mis amigos, por acompañar mis pasos, mis alegrías, mis silencios y también mis poemas.
Y a todos mis lectores fieles, quienes durante tantos años han recibido mis palabras, las han hecho suyas y me han dado una razón más para continuar escribiendo.
Este libro también es de ustedes.
— Maquinista Mute
PRÓLOGO
Hay poemas que nacen de una idea y otros que nacen de una herida.
Algunos aparecen después de una noche larga; otros llegan de repente, como una palabra que llevaba años esperando ser pronunciada.
Este libro nació del silencio de las palabras.
LA ÚLTIMA SÍLABA DEL MUNDO reúne una parte de ese camino.
No pretende contar una vida de principio a fin, sino recoger algunos de sus instantes: aquello que amé, lo que perdí, lo que callé, aquello que todavía recuerdo y, sobre todo, aquello que me ha dado razones para seguir.
Aquí están la sombra y el naufragio. Está el silencio. Está la memoria de quienes ya no están. Está el amor, con sus contradicciones y sus milagros.
Y está también la esperanza, esa pequeña luz que a veces parece desaparecer, pero que insiste en volver.
Durante años he escrito poemas sin saber exactamente hacia dónde me llevaban.
Las palabras fueron apareciendo entre el cansancio, la alegría, la nostalgia, el mar, las noches, las flores y los recuerdos.
Algunas nacieron para alguien; otras nacieron para mí.
Todas terminaron formando parte de una misma historia.
Por eso este libro no busca ser perfecto.
Busca ser verdadero.
Maquinista Mute es la voz que encontré para decir aquello que, de otra manera, quizá habría permanecido en silencio.
Es el hombre que mira hacia atrás, pero que todavía quiere caminar hacia adelante.
El que sabe que el tiempo se lleva muchas cosas, pero también sabe que una palabra puede permanecer.
Estos poemas hablan de mí, pero no son solamente míos.
Porque mientras exista alguien dispuesto a leer, ninguna historia termina por completo.
Y mientras quede una palabra, queda una posibilidad de que el silencio nunca más sea un grito sin voz.
Mi sombra es prisionera de la flor,
flor silvestre, temblorosa,
aroma que brota de la corriente del agua,
esa que no mengua
y se asoma con su silueta,
azotándose en la tierra.
Mi sombra cae
cada vez más en el sepulcro,
contando el silencio
que permanece callado
ante la bulla de una lluvia
que no le teme a la noche.
Mi sombra guarda un misterio
que cae con el trueno
y el relámpago de la zozobra.
Es el miedo
de no poder escucharte,
de borrar mi historia
entre palabras rotas.
Has ignorado la nostalgia
de poder amarte.
Porque en este mundo
el amor es una historia
que ya nadie cuenta.
El amor ya no son flores
que nacen silvestres;
nadie se detiene a mirar.
Hoy todo es inmediato.
Todo carece de memoria.
Todo tiene que ser instantáneo.
La piel necesita
el aroma de frutos hermosos.
Ya no importa el horizonte,
el sabor anaranjado
de una luz detenida,
de una memoria imborrable.
Importa lo inmediato,
lo que cuesta,
lo que suma en las fotos,
lo que consigue sacar la oscuridad.
La noche se hace interminable
cuando las lágrimas
caen sobre el rostro.
A nadie le importa
una mirada que nace de la ceniza.
A nadie le importa el temor
que tiembla dentro de una sonrisa.
Lo que muere
ya no deja un vacío.
Solo queda la ausencia,
ungida lentamente
por el olvido del otro.
A nadie le importa
que la palabra encuentre
su vocablo perfecto.
Basta con que sea
un engaño dulce
o un espacio
perdido en las tinieblas de una canción.
Mi sombra colapsa,
mi párpado amortaja
lo que fue
y lo que ya nunca será,
sin que alguien lo capture
con un teléfono inteligente.
Viajemos en el tiempo
con el deshielo de lo inconcluso.
Llenemos el presente
con un futuro
que todavía no conoce
el cansancio de vivir.
Mi oído guarda un sonido:
son tus labios rojos,
tus ojos púrpuras
y tus sonidos hermosos.
Mi desierto conserva
el recuerdo de un cuerpo
caminando hacia el desierto.
Ahí te encontraré,
con el frío de una tormenta,
con la humedad de un recuerdo
y un abrazo
que aprieta contra el pecho
en sus últimos suspiros.
Hablemos de la muerte Cómo olvidar vivir si la piel es un segundo alejado de ti. Olvidar la muerte chiquita, un amor que ya no florece. Son ...
Muchas gracias.
Queridos y apreciados lectores:
Solo tengo más que agradecimiento para cada uno de ustedes que se han tomado unos minutos de su valioso tiempo, para leer mis poemas.
Gracias al Internet, a la gran nube, he podido llegar relativamente a todos los rincones de la tierra, a toda hora y en todo momento solo con una conexión a Internet.
Me llena de satisfacción saber que muchos de ustedes son de países tan lejanos.
Espero poder seguir compartiendo en un futuro, más y más de mis poemas y tenga el honor de ser leído en su corazón.