martes, 15 de julio de 2014

El norte prohibido.




Esta mañana saldré de casa.
No importará la distancia que exista entre un corazón desierto de sueños y la última esperanza.

Tampoco importará que en el horizonte la puesta del sol no detengan nunca más ya su partida.

Saldré del hogar secreto con la ilusión de poder buscar un sueño compartido, un sueño que es de muchos, un duelo ya perdido.

Sobre los matorrales de la esperanza esconderé mis ilusiones y nunca más podré quedarme dormido sin tener que estar alerta.

Solo la oscuridad y el cansancio podrán delatar lo mucho que mis ojos se encuentran aterrados por su vacilante destino.

Más que un dolor nostálgico que agobia mis motivos sé que todavía soy solo un niño.
Pero ahora eso no importa porque la esperanza está del otro lado.

Quisiera poder volar como las aves migran del nido, pero mis alas son cortas y no alcanzan a alzar el vuelo.

Solo puedo caminar por aquellos senderos y ríos de la indiferencia, siempre
 soñando en poder llegar al norte bendito.

Poesía 
Miguel Adame Vazquez
15/07/2014 

A los niños migrantes que lo han perdido todo por el sueño de estar con sus padres.



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