Al final de tú propio camino.



Tuviste que inventar tu propio infierno.
Un mundo de laberintos sin sentido.
Y sobre ese mundo angustiado y sin fondo, tu deseo más fuerte fue que yo viviera en él por el resto de los días sin ningún aliento.

Pero no seremos alimento de buitres rapaces.
Tampoco seré una simple marioneta del tiempo que se muere.

No seré la higuera marchita que se desgarra con las hojas del otoño.

Nunca más seré el final de tus propios límites sin ninguna esquina.

Tú tendrás que construir tus propios anhelos.

Y así, en lo absoluto de tus días, tendrás que encontrar la salida.

Porque a cada uno de los silencios que se callan.
Tú serás testigo mudo del ocaso que fue tu última guarida.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
17/10/2016.








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