martes, 4 de octubre de 2016

Nunca deje perder.




Sobre una falsa mascara enmarcaste tu desdicha.
Pretendiendo cifrar tu esperanza en mis propias ilusiones.
Nunca vi venir la oscura tormenta que asechaba cautelosa mis pasos.
Y fui una presa más del infortunio que destroza a los bosques.

Uno a uno vi caer aquellos robles frondosos que protegían mi alma.
Porque deje entrar sin barreras a aquel que lo roba todo.
Y muy demasiado tarde comprendí los errores del confiar en quien no se debe.
Y el bosque se incendio al quedarse solo en su misericordia fallida.
Su fuerza se convirtió en una planicie gris y sin vida aparente.
Todo fue desdicha, dolor y lagrimas ausentes.

Pero sobre esas lágrimas que cayeron al suelo marchito, floreció nuevamente la vida cuan verde en su retoño que amanece.
Y ya sin mascaras y falsas expectativas que nunca fueron fuertes, nació la vida y el amor que crece.

Aun en las penumbras que ciegan la mente, nunca dejé de sentir la fuerza vital que impulsa al corazón a rebosar por los latidos llenos de tanta energía que no se sabe cuándo saltará de tu pecho.

Nunca dejé de sentir el orgullo por el ímpetu que deja su huella al saber lo bueno que has hecho.

Nunca dejé de sentir el despertar frio de una mañana.

Nunca dejé perder la inocencia que agradece por estar más que vivo, cuando el que odia deseará que tu propia luz se apagara.

Nunca dejé el placer por el camino con su tierra y lodo.
Maravillosa es la sonrisa en los labios que siguen creyendo que el mundo es bueno, aunque muchas veces no lo sea.

Porque él universo es un inmenso caudal de vivencias que en su coloso destino  te encuentra.
Y doy gracias por ello.
Por el aprendizaje valioso que me dejas en un camino que es mundano.
Porque nunca estuve solo.
Siempre te tuve a mi lado.
Y el saberlo me descubre en la dicha.
Porque sobre esa falsa mascara que oculta su desdicha, yo te descubrí y cimente mi esperanza.
Y el bosque ahora es un mundo lleno de vida, que desparrama en su verdor más que flores y cantos luminosos.
Porque nunca te perdí.
Nunca dejé de sentir el orgullo por el ímpetu que deja la huella al saber todo lo bueno que has hecho.
Nunca dejé de sentir y doy gracias por ello.

Poesía.

Miguel Adame Vázquez.

04/10/2016.


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