martes, 25 de octubre de 2016

Nunca pierdas la fe.


El mundo está enfermo de tanto tener.
No cabe en sus manos tus sueños.
Esta cegado de poder.
No luches en su campo estéril sin ilusiones.
Mantente fuerte y firme en lo que realmente vale la pena.
Tu sabes muy bien que es lo que quieres.
Despliega tus fuerzas siempre adelante.
Porque el tiempo es un huracán insaciable que no perdona.

Nunca pierdas la esperanza de tener esa tenue luz que aunque apenas se asoma, siempre te ilumina toda el alma.
Es breve el espacio de un momento oportuno, pero siempre llega, nunca falla.
No pierdas la fe.
Después de una oscura noche, amanece y nace la luz que ilumina a la calma.

El frío nunca doblegará a la fuerza interior de un corazón que ama.
Ese calor de tu amor, siempre ha sido el alimento vital para mantener viva tú propia esperanza.
Nunca lo olvides.
Después de la tempestad viene la calma.

Miguel Adame Vazquez.
25/10/2016.


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