domingo, 23 de octubre de 2016

Cuando mis ojos ya no quisieron amanecer.



Cuando mis ojos quisieron cerrarse por una última vez y no querían contemplar el amanecer con el día que florece.
Fue tu calor quien me dio la esperanza.
Y tu amor incondicional de alma pura,  fue la salvación en un abandono seguro.

Ahora que veo ese recuerdo solo como un pasado.
Y contemplo mi rostro en el espejo de la madurez ganada.
Me doy cuenta que de ese montón de historias vividas he aprendido todo.
Y así, nunca volver a cometer el mismo error que me hizo querer dejar de respirar.

Fue ayer cuando mi cuerpo estaba vacío.
Y solo el universo y nadie más contemplaba lo absoluto de mi eterna agonía. 

Pero cuando más vacio era mi interior en la agonía.
Me aferre a tu cuerpecito indefenso necesitado del mío.
Y me diste la fuerza para querer poder vencer al mundo.

Ahora que te veo creciendo por el mundo agigantado.
Y veo mis ojos en el reflejo de tu misma alma.
Agradezco al infinito el momento justo en el cual me diste tu primer amor.

Siempre he pensado que existe algo más supremo que no comprendo del todo.
Que me escucha, que me observa y que me entiende sin hablar.
Que siempre me ha protegido dándome su guía iluminando mi sendero, dejándome un gran remanso de paz.

A ese ser superior yo agradezco.
Porque cuando mis ojos soñarón con cerrarse por una última vez.
Comprendí que mi aliento no es un aliento que es del todo mío.
Es solo un momento en el cosmos que es tiempo prestado.
En el cual tengo que honrar como a un tesoro, a quien en resguardo me ha entregado.
Y cuando llegue el momento indicado.
Yo le enseñaré cómo su mirada me ha salvado una y otra vez del oscuro vacío de no querer vivir.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
23/10/2016.

A la madre que deseó cambiar su existencia en el universo.


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