sábado, 4 de febrero de 2017

No te duermas y empieza a vivir.


El viento sopló irreverente.

Sacudió a todo lo que encontró a su paso.
Su fuerza era como un abrazo descomunal.
Como aquel que quiere arrancar desde las raíces todos los miedos. 

Miedos que sujetan las ganas de vencer.
Porque son fríos y escurridizos como cada vez que destruyen los sueños.
Miedos que aprovechan la total oscuridad de los propios pensamientos.
Casi siempre se salen con la suya en una cacería que condena. 

Pero esta vez algo cambió.
Una pequeña luz penetrante llamó la atención de la tiranía que gobierna el calabozo.
Y las cadenas del odio y la inseguridad se rompieron completamente.
No pude correr con todas mis fuerzas porque las piernas no dejaron de temblarme.

De modo que solo camine.
Hubo un momento en el cual no veía completamente nada.
Nubarrones negros impedían que perdiera el miedo.
Ese miedo que me ha convertido en su más fiel esclavo.

De pronto los vientos dejaron de soplar.
Y la calma volvió como cuando tenía veinte años.
Al intentar caminar sin prisa nuevamente regreso la calma.
El dragón enterró sus caprichos.

No necesite correr.
Esta vez el perdón dominó a la exigencia que solo existe en el interior.
Agarre la espada y solté el escudo.
Es muy pesada la negación que protege.

Tome la espada con ambas manos.
Fue una pelea en la que luche hasta que nada quedo totalmente impune.
Esta vez el viento cambió de rumbo.
Fueron buenos los vientos que trajo la marea.

Ahora escucho a la soledad que domina a mi silencio.
Dejo a la brisa fresca que acaricie a el nuevo mañana.
Ahora mis amigos están también contigo.
No dejaran que el gran opositor te domine.

Deja que el viento sople con fuerza.
Que ya se ataron con bien todas las velas.
Y aunque a los ojos los llaman el sueño.
No te duermas y empieza a vivir.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
05/02/2017.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Se vale la critica que propone.
El comentario que nutre. muchas gracias.