sábado, 25 de noviembre de 2017

La doncella más bella.



Todos duermen
yo observo un efímero momento de centellas,
el alba en la planicie se estremece con el frío
que amenaza a quedarse en las montañas bellas.

El árbol llora tirando sus hojas amarillas en la tierra,
su fruto fue su propio vientre
extendiendo el dulce sabor de sus peras,
ahora es solo un recuerdo marchito de primavera.

Me duele la espalda por la dura carga que lleva,
no es la neblina espesa que sobresale
de las oscuras tinieblas
tampoco es un corazón frío por el calor
que se muere con la pena.

La vida es tibia al saber que no soy el único que sufre con esos ojos que me miran envidiosos
por aquel desgaste que me deja la boca seca,
¿que me envidian?
!tengo el mismo cielo esplendoroso que ellos!.

Mi infancia fue una foto feliz que aún recuerdo,
es absurdo el murmullo
que con el tiempo estremece por su lento misterio,
solo me gusta escribir bendiciones
y parpadear con una caricia a todas las penas.

Todos duermen
no abandono el naufragio adolorido
de una cicatriz tímida que narra poemas,
si pudiera suspirar sin respirar el frío que estos llevan.

¿Que soy para ti?
si acaso soy solo una rosa fría en invierno,
un vicio ignorado en una playa negra
donde nunca te atreverás a sumergirte
por temor a hundirse en mis ausencias.

Todos duermen
nunca seré un árbol seco que pregona sus penas,
te has perdido reposando tu abandono
despierta con el alba,
la vida siempre será la doncella más bella.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
26/11/2017.







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