sábado, 27 de enero de 2018

Por última vez digo adiós.



Aumentaron las cadenas
de un cansancio prolongado
era un encierro atado a un acertijo
de un valor alucinado,
pretexto marcado por el tiempo pasado.

Rebelión de penas de un imperio
inexperto yelmo desolado
anuncia la ausencia asimilada
por el último caudillo levantado
siempre quedará la polvareda de una ilusión.

Más injusto no puede ser
así son los campos
bajo un cielo precedido
de un permiso concedido
por la última herida marcada de un adiós.

Han pasado doscientos años
desde que el guerrero invicto
pidió clemencia ante la victoria,
después de tanto tiempo la luna
se sigue asomando esplendorosa.

Somos ardientes como el fuego
ese que fulgura con tan solo una chispa fría
en la mañana anaranjada que refleja
a el sol que nunca supo cómo superar tu partida
sin ningún beso de despedida del amor.

Fue los grilletes sin las ruidosas cadenas oxidadas
que me hicieron recordar que era más fácil no tenerte
que tener que decir
unas cuantas palabras que mi mente
solo quiere escuchar para olvidar por última vez.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
27/01/2018.


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