domingo, 6 de septiembre de 2015

Todo fue un circo.



Todo es un circo.
Un perfecto circo que se limita a una volátil fragilidad de una odisea de nuestros tiempos.
Amargos momentos que colapsa la memoria interna de tus ojos tristes y cansados, pero enormemente bellos.

Todo es un circo.
Momentos alegres que ocultan la desdicha de tus besos robados.

Se que fue ayer cuando imploraste perdón a un dios que lo olvida todo.
Solo querías misericordia protectora e inmediata.
Y solo recibiste un montón de palabras rotas que te condenaban a un olvido marchito y que nunca se termina de agotar en las noches largas.

Todo es un circo.
Un cúmulo de pensamientos divididos en un eterno silencio.
En lo que debió ser y nunca fue.
En un montón de palmadas que resultan más que cuchillos que atraviesan la propia alma.

Y ahora suspiras por una culpa que nunca fue tuya y que te roba la calma.
Y lo que fue peor, es que tú sí lo olvidaste.
Dejaste en aquella vasija de barro tus desdichas manchadas de mis sueños.

Todo es un circo.
Donde las sonrisas falsas y fingidas nunca fueron tuyas.
Donde las voces trataron de robar mi memoria absoluta.
Donde las ideas y pensamientos decían que no pasaba nada.
Qué era mejor no voltear atrás al camino andado.
Qué solo bastaba con implorar al cielo la dicha gloriosa del que nunca olvida nada y recuerda todo.
Quisiera haber creído en ti todo ese tiempo.
Te di la oportunidad una y otra vez para que intentaras convencerte.
Pero no lo hiciste.
Fue más fácil contar un montón de cuentas que solo regresaban al mismo eterno principio.

Tenias todo para trazar tus propios pasos.
Yo solo quería un poco de amor verdadero.
Y ahora lo tengo.
Lo derramo a cantaros por el río de mis propios remedios.
Y no fuiste tu.
Yo logre la libertad que te da un me quiero.

Tu sufres tu propio circo perfecto que se amargan en un eterno silencio.

Poesía 
Miguel Adame Vazquez.

06/09/2015.






  
  


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