jueves, 17 de septiembre de 2015

Tu alma tiene grietas.







Palpitan tus resentimientos fuertemente.

Sobre sus ruinas caen a pedazos tu propia soberbia ciega.
Nada te hace vivir la realidad que aun habitas.
Porque te resistes al amor verdadero que tiernamente te abraza todas las noches.
A la mentira y a la duda le abres la puerta  para que te invadan y te envenenen de un solo trago.
Como calumnia inaudita te transformas en odio que enferma poco a poco.
El cansancio te agotó tan aceleradamente que te aturdió tu propio silencio.
Te quise tocar, pero tu rabia iracunda quemó los sentimientos que ahora ya no vuelven.
Te quise amar, pero fue mucha la desdicha que tus ojos anhelan.
No creo que te des cuenta de lo tanto que te que haces falta.
Tampoco creo que puedas volver a cultivar ese amor que nació hace ya mucho tiempo.
Las grietas de tu alma dejaron escapar el calor de aquellos besos que fueron ciertos.
Ahora solo eres una débil huella de dicha eterna.
Un diminuto resquemor que del fuego queda.
Tus ojos se apagaron lentamente hasta que la ultima mirada se fugó en un solo parpadeo.
No han servido las historias de tus glorias pasadas, ni los recuerdos vividos que solían ser como una bocanada de oxígeno puro al aire que respiras de tus propias memorias.
No tienes recuerdos.
Tu pasión se fue con tu esperanza.
Tus buenos tratos se olvidaron del poder de una sonrisa.
El amor cayo de tus manos.
No fuiste capaz de sujetar con fuerza los argumentos que con la fuerza del poder convencen.
Te dejaste llevar por un mar reclamos que en la tormenta arrasa con todo a su paso.
Tus ojos se apagaron.
Y tu silencio habla.
Nada hará revivir la realidad que aun habitas.
Las grietas de tu alma dejaron escapar el calor de aquellos besos que fueron ciertos.
Poesía
Miguel Adame Vazquez.
18/09/2015.







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