lunes, 12 de marzo de 2018

En el último suspiro



En el último suspiro
quisiste volver a casa
en la oscuridad taciturna
soñaste el ataúd que veló tu silencio.

La muerte no era una opción que escogieras
la luz bailó bajo la sombra de esa vela
la medianoche no extraño tus pensamientos
ningún cometa fue el pretexto perfecto para la ausencia.

Desapareciste como el aire en los caminos
nada impidió que levantara el ancla tu navío
eras viejo y frágil como el roble derruido
después del fuego de un rayo en una tormenta perfecta.

Luchaste la batalla valeroso
floreciste vivo muchas veces sin cansancio
hasta que el abandono te cubrió cual enredadera
te ahogaste en la lluvia de una gota sin cariño.

Naufragó tu bote enfermizo
hasta que la tumba te llamó como la sonrisa de un niño
tus labios se apretaron con el paso de los días
no dejaron salir a un amor malherido.

No valía la pena todo el rencor que sobre ti tenían
nadie había olvidado nada,
perdiste el honor de los vencidos
la guerra se hundió en su fastidio.

Nadie te lloró en la ausencia
tus huesos fueron un tizón en un fuego insatisfecho
en esa muerte esperada
la tierra fecundó a la vida con tus últimas palabras.

No quiero permanecer indiferente
ante el dolor de los lamentos de una madre
el pasado regresó con sus recuerdos
los remordimientos nunca te abandonaron.

No quiero ser el poeta de la bondad muda
de la rebelión furtiva por las voces interminables  
aquel que guarda silencio
cuando la carne se detesta entre escarabajos saciados.

Amanecerá la tierra llena de retoños
la esperanza volverá en tu descanso
tal vez habrás encontrado la calma
en la paz y la frescura de un amanecer dichoso.

En el último suspiro volviste a casa
el sol bañó esplendoroso tu sepelio
volviste a pasear en tu caballo amado
a ser un brote que nace de todo lo que antes habías sembrado.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.

12/03/2018.

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