martes, 31 de julio de 2018

Me gusta quedarme con las manos vacías



Me gusta imaginar el canto en cada poema,
aunque no recuerdo cuándo fue la última vez
que escuche a esa voz interna,
¿a caso tengo una voz que me habla y me dice que debo hacer?.


Me gusta jugar a descifrarme de vez en cuando,
en cada poema que leo,
en cada palabra que simplemente no pienso
que sale suelta, irreverente como si los bordes del habla no la contuviera más.


Me gustan los recuerdos que se confunden con un presente tan pálido
que dan un poco de vergüenza verlo
por la escasez de colores en la paleta frágil de la vida misma,
esa que se respira y se contagia cada vez que se individualiza el amor.


¿un poeta tiene que ser un sabio?
No lo sé, aunque me gusta leer aquellos poemas
que en las fisuras de un verso se imagina ser los únicos,
los más gloriosos, los más colosales, no importa cuántas palabras lo compongan.


Me gusta la idea de la libertad de un tirano,
el consuelo en cada pedazo de un pensamiento,
el bálsamo de unas caricias que no riman
pero que sueñan con el amor.


me gusta sentir que el tiempo no avanza,
que el olvido es un accidente de la vida nunca detiene,
la fractura del tiempo,
las ideas deslucidas y siempre confusas.


Me gusta el esfuerzo de tratar de descifrar locuras
con una palabra que se aferra al instante,
con ese momento que se quiere contar
y que no aguanta las ganas para salir corriendo.
Me gusta esconderme atrás de las letras,
salir sin ningún tapujo y reserva
ante la mirada que todo lo critica,
me gusta no tener ningún propósito más que cambiar ideas.


Me gusta quedarme con las manos vacías
cada vez que suelto letras
que sueñan en convertirse en versos de un tiempo,
de este otro tiempo, de tu tiempo en que te tocó sentir.


El Mute.

31/07/2018.

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