viernes, 20 de julio de 2018

Hay días en que nadie sabe nada más que solo callar.



Solo un pedazo de soledad
como un soplo de sueños con fe
de esos que se tejen en la noche
al pie de un vacío que se desmorona brincando a la muerte.

El último favor que te pedí
fue que me dejaras un poco de tu amor
antes que la vida me pidra el traje
y la vieja mirada se olvide de ver.

Como aquella vista que se interrumpe en la noche
cuando el párpado cerrado de la conciencia
vaga entre las lágrimas oscuras de la otra dimensión,
no me equivoco al pensar que todavía me quieres.

Aunque es incierta la desazón de un olvido
es injusto no tener un poco de vergüenza
es preferible vivir en el exilio
que verse en el espejo de la fútil vanidad.

Últimamente me he podido dormir en todas partes
con cada ronquido ahuyento a las horas
que en su rebeldía me roban la poca inocencia
de mi respiración agitada por el exceso de peso.

Tu amor era para mi la perfecta ancla en un mar sin brisa
el mejor pretexto para olvidarme de las hojas grises de un otoño
que se acerca a toda prisa a esa infancia que se olvida
cada vez que la belleza de la vida se esfuma en cada parpadear.

Te olvidaste de cerrar la puerta en tu partida
como un esposo me quede en la luna
esperando a una nube para poder retornar,
hay días en que nadie sabe nada más que solo callar.

El Mute

20/07/2018.

Con Cariño para mi amiga Maulita.

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