viernes, 16 de junio de 2017

Una madre nunca debería temer a el paso del tiempo que roba la voz.


Maldito es el hijo que llevaste en tus entrañas.
Hoy no es más que un demonio oscuro 
que te alejó del único lugar que te dio refugio en una noche fría.

Lo llevaste en tus latidos cercano 
cuando indefenso a los lobos voraces vivía.
Le diste tu cuerpo sin pedir nada a cambio 
Y arrullaste su desvelo cuando nada ni nadie tenía.
Fuiste más que solo una madre abnegada   
Porque de tí solo el respiro amor a manos llenas.

Ahora que el ocaso llega a tus ojos y los vuelve tristes 
Y que tu fuerza es un temblor de llantos penosos.
Tu hijo se convierte en el maligno inquisidor de lo que nunca debieron ser tus derrotas.

Una madre nunca debería de sufrir.
Una madre nunca debería ser ese penoso recuerdo perdido de un pasado que solo se acecha con el fétido dolor del abandono.

Mi madre es mi mayor fuerza
Mi madre es mi mayor amor entre todas las constelaciones. 
Mi madre es mi refugio seguro ante la derrota.
Mi madre es mi cura ante la enfermedad del desamor de este mundo tirano.

Maldito es el hijo que aleja de su hogar a su propia madre.
Porque una madre nunca podrá maldecir al que fue fruto de sus entrañas.
Una madre nunca debería temer a el paso del tiempo que roba la voz.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
16/06/2017.


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