lunes, 20 de marzo de 2017

La bendita esperanza.





La bendita esperanza.

No me canso de escribir por ella.
Tal vez lo he escrito un millón de veces.
Cada vez que perdemos toda la luz que nos queda.
Todo el calor.
Toda la esperanza.
Y solo terminamos siendo testigos de cómo el frío se apodera poco a poco de toda nuestra vital respiración.
Desfallecemos.
Lloramos. 
Terminando siendo solo pequeños seres oscuros. 
Tristes con nuestras historias pérdidas y miserables.
Olvidando por un instante que todo puede cambiar de la noche a la mañana.

Olvidamos que la bendita esperanza nunca nos olvida.
Es esa última chispa de la oportunidad que llega con el cambio.
Aquella que sabe distraer a la maldad que siempre esta ahí como un cancer de nuestras mejores dichas.

La bendita esperanza nunca se cansa.
Nunca se rinde.
Siempre estará ahí esperándote con toda su benigna perseverancia.
Estando siempre seguro que pronto te vencerás de nuevo.
Y querrás vencerte, lo sabes.
Buscando los pretextos para vacilar en el intento. 
Y ahí estará la bendita esperanza que nuevamente peleará la guerra por ti.

Poesía.
Miguel Adame Vazquez 
20/03/2017.


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