domingo, 10 de septiembre de 2017

El silencio.



El vacío llenó el silencio de mi cuerpo marchito
fueron tantos los momentos que se fueron rompiendo 
que nunca me di cuenta de ello,
lentamente se fueron convirtiendo en cenizas 
y arena que se acumula en el reloj del tiempo.

Sí que me rendí sin oponer resistencia, 
no soporté a ese cansancio que con tanto 
peso recayó sobre mí rota adversidad, 
nunca aprendí a disimular a todas esas preocupaciones 
que tenuemente me fueron extinguiendo.

Mutilé sin remordimientos a todas las preguntas 
que me incomodaban 
y que no me permitían saberlo todo
fue lo más sabio ante la duda que amarga
solo me quedé con las palabras que son valientes, 
ellas nunca dudaron ni un ápice en desnudarse 
de la vergüenza de una intemperie impaciente.

Tal vez solo fui testarudo y en mi necedad repetí 
los mismos errores de siempre, 
tal vez esta vez fue diferente, 
yo mismo recogí todos los pedazos 
que la incertidumbre dejó regados por todos 
los pensamientos que no soportaron 
así como así simplemente perderme.

No puedo comprender por qué tú a veces te vences,
yo también he estado muchas veces 
en ese último lugar de un precipicio infinito, 
sin ninguna luz que me enseñara el camino 
para no caerme de frente,
nunca vacilé en el sacrificio con tal de que tú 
pudieras respirar nuevamente.

Se nos acabó el tiempo y a diferencia de ti 
yo nunca le vi el caso de tener que lamentarme 
por lo que no pudo ser, por lo que no fue, 
nunca supe a ciencia cierta por qué los otros 
quisieron que tú fueras de esa manera.

Ya no tiene caso recordarlo, seremos historia, 
definitivamente solo un relato que se cuenta 
entre los rumores vanos,
una anécdota que se evapora en los segundos inmediatos,
eso seremos ahora que a nadie más le importa 
el desenlace de nuestra poesía rota.

Solo me queda las ganas de saber un poco más a ti,
antes de que me convierta en un poema 
que vivió en el breve espacio entre tus ojos 
y la única verdad que se atrevió a desafiar a la costumbre que con tantos siglos se apoderó 
de mi perseverancia sin tan siquiera parpadear.

El vacío seguirá llenando el silencio de mi cuerpo marchito, lentamente se irá convirtiendo 
en cenizas y arena que se acumulan 
en el reloj del tiempo de lo que pudimos ser algún día 
y nunca más lo fue.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
10/09/2017.



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