jueves, 28 de septiembre de 2017

Solo por ti.



La costumbre me llevó a acoplarme a todo sin rodeos
sobrellevando a la vida y la propia muerte
esa que nunca rehuye a la desesperanza,
esa inútil congoja de tener atado un nudo al tiempo
hasta que ella te espera paciente
para tenerte en sus brazos.

A la muerte le aprendí a no poder vivir sin ti,
nunca he podido sobrevivir en las sobras
añorando a todo lo que se evapora
como agua en un instante,
siempre sufrí como un páramo que sangra
por sentir a el sol en tierra seca por tu ausencia.

A la vida le aprendí a enamorarme completamente de ti,
siempre fuiste lo único que me mantuvo a salvo,
fue tu sonrisa quien lograba escabullirse
sin ninguna prisa entre los rincones más ocultos
de mi estéril miedo de vivir,
contigo nunca importaban los temores que se 
amontonaban de preocupaciones 
por tener que seguir.

A la desesperanza le aprendí a sobrevivir
sin tener nunca nada
y aun así seguir manteniendo la esperanza
ante el vacío que ciega ante tanto alboroto
por no querer morir.

La costumbre me llevó a acoplarme a todo sin rodeos
a lo único que nunca me he resignado 
es a seguir sin ti,
me duele el cansancio por no tenerte
me duele el vacío de tener que dormir
para poder soñarte de nuevo aunque 
al otro día no me acordaré de ti.

Muerte que vive con desesperanza 
sólo por ti.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
27/09/2017.





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