martes, 12 de diciembre de 2017

Letanía de amor



Me fui llenando de sublimes momentos
que poco a poco se fueron cambiando
hasta que se acabó la paciencia
esa que normalmente duerme tranquila
cuando se cansa la misma noche,
y llegaron los sueños con sus torpes reproches.


Te han robado la sonrisa nocturna,
el abrazo tibio de tener paz en mi regazo,
solo te ha quedado la amargura
que acumulas de los años pasados.


¿Cómo te recuperas de la inocencia perdida?
Si eres el resultado de un atropello
de aquellas verdades
que se volvieron mentiras.


Me fui llenando de silencios muy largos
y me quedé esperándolos
como si fueran el único remedio
de un corazón que simplemente ya nada siente,
el frío congeló tus aventuras rebeldes
ahora te cuesta mucho tan solo a ti misma tenerte.


La música ya no consuela a tu mente,
tus escandalosos momentos amados
se fueron perturbando
y solo quedo una voz interior que te dice
que existió mucho amor que ya no recuerdas.


Como pedirte que me ames
si lo has olvidado todo,
cómo amarte
si me he conformado con esperar tu llamado
vivo en el regazo de una lámpara
que apenas calienta,
esperando en una madrugada tan corta
que sólo percibo como cala el frío
con sus irreverentes deseos de una infundada calma.


Me fui llenando de libros
que no encuentran las respuestas a tus delirios,
me fui llenando de tu sueño ligero
que ahora se cuela como el viento  
por la rendija de la puerta de un balcón
que nunca ha escuchado tus lamentos.

Por fin duermes
después de tanto cansancio,
de batallar con tus propias acciones
que desean sustraerse
de tus mismos agobios de siempre.


¿Qué serán de esos sueños que ya no recuerdas?
preferimos ignorarlos
como ignoramos a la vida misma,
en cualquier rincón olvidado
de las propias excusas muertas.  


Me fui acostumbrando a las poesías copiosas
esas que imitan las historias en prosa,
acompáñame a abrir mi corazón
para ver si encontramos algún tipo de insomnio
que justifique tantos versos que son cómplices
de una perfecta memoria taciturna
que lamentablemente todo lo recuerda.


Nos hemos esperado tanto
que las imágenes de nuestro amor
ya son solo sombras ausentes
de una desesperación que emerge
con el olvido frío de tu desprecio.


¿Qué me dirás después de todo
cuando el silencio se haga tan sordo?


Me fui llenando de teorías
para cortejar a la noche,
en esa ausencia tan larga
en la que ya no me recuerdas,
terminamos siendo solamente
una interminable letanía de amor.


Poesía
Miguel Adame Vázquez.

13/12/2017.

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