martes, 24 de enero de 2017

El tiempo, el imperdonable capricho de la vida.





El tiempo es imperdonable porque no olvida.

Es como las corrientes de agua que circulan con sus torrentes por el río.
Nunca serán las mismas, nunca regresarán ellas por el mismo camino.

El tiempo te enseña sus mejores lecciones.
Pero también te deja sus marcas.
Una a una se pueden palpar sus huellas porque no disimulan sus bordes.

No puedes regresar a la película de tu vida y recortar todo aquello que solo te daña.
Tampoco puedes ignorar a todos los minutos que vienen con sus propios desafíos y caprichos.

Con el tiempo no has ganado nada.
Pero tampoco lo has perdido todo.

Es con el tiempo que trasciende el balance que te deja el tener una conciencia que piensa.

También es el tiempo el resultado que remuerde por la angustia  que muchas veces no es una angustia pasajera.

Son solo los segundos del tiempo los que impiden que unos ojos permanezcan permanentemente cerrados.

El tiempo te juzga porque sigues arrebatando a la noche un pedazo de sus sueños.

El tiempo es invaluable.
No escuches cuando te dice al oído que te equivocaste, porque él también se equivoca a diario.

No desperdicies el tiempo derramándolo como si no valiera nada.
Úsalo para algo mejor en ti.

Poesía.
Miguel Adame Vazquez.
25/01/2017.


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