martes, 17 de enero de 2017

Yo he estado ahí.



Yo he estado ahí.
Con la fuerza a tope por la lucha eterna que no se acaba por sobrevivir.

Yo he estado ahí.
En una existencia que se escurrir del lodazal de la apatía que solo enferma porque nunca intenta fugarse y salir.

Yo he estado ahí.
Como un espanta pájaros que huye de las cicatrices del pasado y que solo consigue nuevamente contemplar la noche que nunca termina.

Yo he estado ahí.
Con el corazón roto en mil pedazos por un rompecabezas que nunca se podrá unir de nuevo.

Yo he estado ahí.
Con las hojas del otoño en los suelos solo esperando que el viento las pueda alejar de mí.

Yo he estado ahí.
Huyendo con el frío de un invierno que nunca pasa del todo.

Yo he estado ahí.
Con el crujir del mar agitado que se azota con fuerza hasta deshacer todos tus sueños.

Yo he estado ahí.
Tratando de recordar el camino de vuelta a casa de ese laberinto que nunca tiene salida.

Yo he estado ahí.
Con las manos llameantes por un fuego que no solo quema lo que es de afuera.

Yo he estado ahí.
Caminando en la cuerda floja de la desdicha al regar con lágrimas las flores de mí pasado.

Yo he estado ahí.
Queriendo alcanzar la llave que abre los sueños que no son míos.

Yo he estado ahí.
En la punta del precipicio más alto sin saber que lo mejor es contemplar lo hermoso que se ve el horizonte desde esa perspectiva.

Yo he estado ahí.

Es por eso que entiendo cuando me hablas con la mirada y me dices que ya no puedes seguir adelante.

De nada sirve el sentir lástima por uno mismo.
Te lo digo porque ya no estoy más ahí.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
18/01/2017.

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