domingo, 1 de enero de 2017

No puedes engañar a quien conoce la verdad.



Escupes mi nombre solo porque piensas que son demasiadas buenas las cosas que hago para ser verdad. 
Crees que detrás de esa cara hay solo una máscara que oculta la verdadera identidad.
Que realmente soy un lobo oscuro cazando almas incautas en el universo caudal.
Que bebería estar más que muerto entre la escoria que desborda a la humanidad.
Que mi memoria debería ser olvidada para siempre de la faz de la historia de una tierra que me vio nacer.
Que el recuerdo de la memoria que me observa debería ser más que borrada.

Es cierto que siempre he estado muy lejos de ser un ser perfecto.
No hay un día en el cual mis imperfecciones heredadas de la primera pareja humana no se asomen en mi vida.
Pero no soy tu espejo.
Nuca lo fui y nunca lo seré.

Desde pequeño aprendí a observar y escuchar.
Cuál esponja que absorbe el agua voy rodeándome desde que tengo memoria de seres humanos maravillosos.
De ellos he aprendido a amar, a perdonar, a abrazar a los otros.
A creer en que algo mejor nos espera en un futuro.
Llevo muchos años copiando su vivir, su andar como personas sabias y sanas.
Son muchos y son padres y son hijos.

¿Me he extraviado?
Me extravié más de una vez.
En esa fatal oscuridad te conocí.
Y no seguí las lecciones que mis padres me habían inculcado.
No me aleje de ti en el debido tiempo.
Y muy tarde comprendí que solo era una presa fácil.
Uno a uno como la carnada ideal recibí los golpes mortales de tus garras.
En el suelo.
Muy abajo.
Arrastrándome en mis lamentos comprendí que yo solo erré.
Y mi error fue erosionado poco a poco mi vida como una estaca clavada en el pecho de la inacción.

Pero en la absoluta oscuridad de las tinieblas en las cuales yacía desconsolado solo alcance a ver la luz.
Solo bastaba con seguir lo que alguna vez había aprendido para encontrar otra vez la salida.
Y el amor de los míos me salvó.
Fui rescatado porque muchos de ellos son unos verdaderos guerreros.
Otros más son vigías.
Otros solo saben enseñan a amar.
Ahora soy libre, porque del yugo del que obra con cobardía me he librado. 

Sé que seguirás escupiendo mi nombre solo porque piensas que con ello puedes engañar a todos.
Pero son demasiados para poder engañar.
Ellos conocen desde que tienen memoria mis pasos.
No puedes engañar a quien conoce la verdad.

Poesía.
Miguel Adame Vazquez.
02/01/2017.




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