viernes, 20 de enero de 2017

Todos empezamos a morir desde que nacemos.




Estoy muriendo.
Y no sé porque.
La luz de la vida se apaga poco a poco.
Torturando mi esperanza, ahogando mi voz.

Yo no sé porque estoy muriendo.
Amo la vida.
Amo los sabores del viento trémulo de la dicha.
Amo la caricia suave del mar con su brisa fresca.
Amo ayudar a otros a poder cruzar el camino pedregoso de la enfermedad.
Amo acompañarte todas las mañanas por un paseo en el bosque magnífico de tus palabras.

Solo sé que moriré.
Y no me llevaré ninguno de tus besos.
Tampoco alguna caricia suprema de tus manos.
Ya no escucharé los pasos lentos de tu corazón cuando me ama.
Ningún aroma que cautiva mi esperanza se impregnará en mi memoria.
Porque no recordaré nada de todo lo que he vivido.
Ningún recuerdo será mío porque estaré dormido.
Seré solo un montón de cenizas tibias en una caja negra.
Solo mis letras, cada una de ellas.
Serán mis heraldos vagabundos que discurrirán por la tierra y vivirán por mí.
Todos empezamos a morir desde que nacemos.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
20/01/2017.

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