domingo, 29 de enero de 2017

El tiempo que no queremos olvidar.



Quisiera poder borrar todos aquellos recuerdos que se acumulan en el reloj del tiempo.
Y poder olvidar todas las ofensas que salieron de una boca difícil de callar.

Quisiera poder voltear la mirada hacia lo que has dejado atrás.
Pues resulta más sencillo hacerlo ahora que cargar a un costal sobre la espalda lleno de coraje que nunca he podido olvidar.

A veces mis oídos solo escuchan lo que muy vagamente en el pasado hemos querido lograr.
Pero muy pronto el hastío y la desesperanza vencen a lo poco que hemos podido cambiar.

A veces para nosotros nuestra actitud ha sido casi imperceptible.
Pero no lo ha sido para aquellos que han estado muy atentos observándonos.

A veces vamos como ciegos negando toda nuestra prepotencia sembrada.
Sin reconocer que hemos tirado a la basura todo ese optimismo que fue en nuestra vida muy sano.

La mejor aptitud ya no volverá a nuestras queridas primaveras.
Se marcho a pesar que nos prometió que duraría con nosotros toda la vida.

Ahora solo sabemos que esa promesa fue un espejismo barato.
Fue un sueño que duro hasta que sanamente llegó el momento para no ignorarlo más.

Ahora debemos conformarnos con escuchar a el magnífico silencio.
Y aprender de él porque es un excelente cómplice del tiempo.

Ahora debemos saber que es más sensato dejar que el telón de la vida baje.
Y con calma y paciencia esperar que nuevamente empiece la siguiente función.

Tal vez en ella si recibiremos flores y aplausos por todos nuestros mejores momentos vividos.

Ahora solo espera y sigamos deseando no borrar todos los recuerdos buenos.
Porque ese reloj del tiempo no detendrá su marcha.
Ahora el silencio es el mejor cómplice del tiempo que no queremos olvidar.

Poesía.
Miguel Adame Vazquez.
29/01/2017.

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