sábado, 17 de diciembre de 2016

Miles de voces que gritan en silencio.





Esta noche la ansiedad invadió mi cuerpo.

La zozobra poco a poco inundó la barca del equilibrio y la serenidad sosiega.

No me avergüenzo de decirlo.
Me falta el aire.
Mi corazón late con desenfreno.
Mis ojos imploran tener la órbita que los lleve a no perderse una vez más en el llano horizonte.

Quisiera salir corriendo sin detenerme.
Hasta caer en el precipicio de mis propias lamentaciones.
Hoy mis lágrimas son fáciles y poco testarudas.
Como un acantilado sin fondo voy poco a poco derrumbándome por la verdad de mi taciturna vida.
No encuentro la salida.
El amor propio no me conduzca a los campos fértiles de la dicha.
Me odio por no querer amarme.
Parece como si los años amaran acumularse uno tras otro.

Me gusta estar solo.
Rodeado solamente de nadie.
Es como si quisiera arrancarme a pedazos la memoria que solo sabe de tortura.

Esta noche mis ojos negros no cerrarán la puerta de los sueños.
Serán dos heraldos que vigilan a la luna para que no desborde el tiempo.

Quisiera dejar que la cólera y el odio destruyeran a todo lo que solo me ha dañado.

Y no me avergüenza no poder gritarlo.
Somos unos magníficos actores de día.
Y moribundos hacedores de historias nocturnas.

Esta noche la ansiedad invadirá tu cuerpo.
Y las plegarias se unirán en coro a las miles de voces que gritan en silencio.

Poesía 
Miguel Adame Vázquez 
17/12/2016.







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