miércoles, 12 de abril de 2017

Guarda silencio y escucha.



No quiero guardar silencio y tener que escuchar el horror de este mundo.
Es cruel tener que asomarse por la rendija del infortunio y no poder hacer nada por detenerlo.
No quiero ni pensar que tal vez sí podríamos hacer algo para evitarlo.
Pero hemos olvidado en el recuerdo el amor para arreglarlo.

Alguna vez mis manos fueron lo suficientemente sensibles para hacerlo.
Solo me bastaba con tocar el cántaro roto de las desdichas.
Tomaba todos los pedazos rotos y los vaciaba de la común epidemia de la avaricia.
Nunca me importó el tiempo que se llevará para poder conseguirlo, valía la pena lograrlo.
Uno a uno cada pedazo de horror de los recuerdos marchitos quedaban en mi presente solos.
Sin ningún significado que lograra lastimarme.

Ahora sueño con la buenaventura de las palabras.
Que prometen tener un mejor futuro no solo con vivir una mejor sonrisa.
No puedo ocultar el brillo de mí alegría por cada poesía que estoy seguro romperá las cadenas que nos atan.
Nunca renunciaré al sabor de la esperanza, es como ese jarrón roto que con mucho cariño se repara.

Pronto apartaremos a todos ruidos que solo nos aturden y no permiten que hagamos un alto.
Guardaremos silencio y escucharemos el lamentable horror que envenena hasta morir a este mundo.
No será nada agradable lo que nuestros ojos descubran.
Pero tal vez, solo tal vez, solo así podíamos no renunciar a la última oportunidad que tenemos para cambiarlo.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
12/04/2017.



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