viernes, 14 de abril de 2017

La luna es tu fiel testigo.


La luna siempre es un testigo inocuo de la profunda tristeza.
Sabe muy bien cuando alguien trata de disimular su oscuridad plantando alegría con los colores de la vida.
La luna sabe cuando se oculta en las nubes la desdicha.
Porque no existe alguna mirada que arroje a cántaros la lluvia de la misma penuria.

La luna sabe muy bien lo que pasa por los incontables momentos que ha permanecido inmóviles observando.
Sabe que siempre es mejor mantener la integridad que huir despavorido de los problemas.
Los problemas tiemblan por lo frágil que es el tiempo. 
La luna sabe cuál es la mejor elección para vivir sin los rencores que se guardan en la resignación.

La luna siempre escucha a los ruidos del entorno que acechan como un desafío cada vez que se pierde el quicio.
La luna seguirá ahí, a veces tan invisible que parecerá como si realmente supiera cuál es el verdadero secreto del ciclo de la vida. 
La luna sabe que no te debes de tomar todo en muy serio.
La luna sabe que los problemas seguirán ahí cayendo como un granizo de cólera enfermiza todo el tiempo.

La luna nunca cambiara ni un milímetro el derrotero de tus manos cuando ellas tocan el suelo.
Tendrás que levantarte tú mismo del error sin la ayuda de la luz que alumbre en luna llena.
La luna sabe que la eterna juventud no existe más que en el recuerdo moribundo de este mundo.
Diviértete en cada minuto que te otorgue la vida porque es un regalo al corazón de tu familia.

La luna sabe que mi descanso llegará con la sabiduría de amar un buen deseo que sueña en derrotar a todos los delirios.
La luna sabe que el cansancio no volverá a lastimar tu amor con un recuerdo fugaz y lejano.
No muestres más tu tristeza, nada vale la pena más que solo un par de lágrimas.
No te des por vencido, la luna sabe que en el fondo de tu corazón vibrará la paz que tanto necesitas.


Poesía 
Miguel Adame Vázquez.
15/04/2017.




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