lunes, 24 de abril de 2017

Guaraní tata



Mi abuelo cantaba Ayvu Rapyta desde el sur donde nació.
Siempre la tierra negra temblaba cada vez que cobraba vida el volcán de su amor.
Era energía y nobleza, guaraní tata del mismísimo centro de un corazón gigante.
La armonía de la palabra era el mejor fundamento para poder vencer a los tiempos oscuros.
Esos que te agotan la energía y te roban el calor del mismo cuerpo.

Hoy vivo seguro junto al fuego nuevo.
Lo he escuchado crujir en sus lamentos.
Ya no me preocupa su fría osadía.
Soy paciente porque estoy seguro de que pronto el calor se quedara dormido
Y tendré que avivar el tizón para vencer a la ceniza oscura que marchita.

Mi abuelo tenía el fuego de vida.
Nos lo heredó con el don de la palabra ancestral.
Con ese fuego seguiremos derrotando al frío de invierno.
Ese que congela a todos los sueños.
Guaraní tata es lo que quiero.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
24/04/2017.


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